21 000 muertes al año en España, de las que 15 000 son a consecuencia de la contaminación atmosférica. Estas son las últimas cifras de víctimas dadas a conocer hace unos días por el Instituto de Salud Global de Barcelona, un macabro sacrificio, sin duda, rendido como tributo a nuestra forma de vida.

No voy a entrar a discutir si son más o son menos, ya que los números varían en función de la fuente consultada y las variables consideradas (El País, Agencia Europea de Medio Ambiente), pero, en todo caso y se mire como se mire, son demasiadas.

La solución a este problema yace en gran parte en el comportamiento diario que desarrollan los habitantes de los núcleos urbanos, siendo necesaria una mayor concienciación en relación con el papel que juega cada ciudadano. En este sentido, una de las armas más poderosas que se puede usar para propiciar esta necesaria transformación es la información, es decir, proporcionar acceso a datos fidedignos y actualizados sobre contaminación del aire, educando a la gente de forma paralela sobre qué efecto provocan estas sustancias en la salud humana, por ejemplo.

Pero, ¿hasta qué punto las personas son realmente conscientes de la calidad del aire que respiran? ¿Tienen a su alcance la información necesaria?

La ciudad de Bilbao como ejemplo

Aunque la capital bizkaina ha mejorado notablemente la calidad del aire en los últimos 20 años con el progresivo cierre y traslado de la industria pesada fuera de la ciudad (en 1977, la comarca del Gran Bilbao fue declarada zona de atmósfera contaminada, anulándose dicha declaración en el año 2000), no está exenta de las emisiones contaminantes que genera el tráfico habitual que circula por sus calles y que, en definitiva, es una de las principales fuentes de contaminación del aire (de hecho, desde el consistorio municipal ya se está estudiando la posibilidad de instaurar un peaje de entrada al centro urbano).

Como la mayor parte de las ciudades, Bilbao dispone de una red de estaciones fijas de medición de la calidad del aire gestionada por el Gobierno Vasco. Son, en concreto, 6 estaciones (dos únicamente miden variables meteorológicas), a las que sumar los equipos móviles (3 furgonetas, un remolque y 2 laboratorios).

Estaciones para la medición de los índices de contaminación en Bilbao

Fuente: Perfil Ambiental de Euskadi 2016 (Aire)

En la siguiente imagen extraída del visor GeoEuskadi con fecha 06/06/2017 se puede ver la distribución geográfica de las citadas estaciones para el término municipal de Bilbao (en azul, las estaciones meteorológicas).

Mapa de estaciones para la medición de los índices de contaminación en Bilbao

Como se puede observar, algunas zonas de la ciudad que soportan una alta densidad de tráfico, como ocurre en los accesos por Zabalburu y Miraflores, no disponen de sistemas de medición fijos (para más información, ver “Evolución en el tráfico de las carreteras de Bizkaia 2015“, publicado por la Diputación Foral de Bizkaia).

Asimismo, resulta preocupante comprobar que de las tres estaciones urbanas, solo una, Europa, localizada en un parque del barrio de Txurdinaga, una zona con una densidad inferior al centro urbano, mide partículas PM2.5, es decir, partículas con un diámetro inferior a 2.5 µm. Señalar que este tipo de partículas, por su pequeño tamaño, pueden ser inhaladas fácilmente y llegar hasta los alvéolos pulmonares, donde quedan atrapadas y pueden generar problemas de salud.

Los datos de calidad del aire de Bilbao

Con respecto a las estaciones existentes y atendiendo al informe Perfil Ambiental de Euskadi 2016 anteriormente referido, estas instalaciones llevan a cabo una «monitorización de la contaminación a tiempo real» (p. 23) tomando «una muestra del aire ambiente, previamente acondicionada y homogeneizada, y la analizan, en periodos que van desde los 10 segundos, hasta el cuarto de hora, dependiendo del contaminante a analizar» (p. 27).

En cuanto a la posterior gestión de los datos, «cada analizador, (que) está conectado en continuo al terminal de adquisición de datos y este último, va capturando todos los resultados de cada análisis de cada analizador y, cada cuarto de hora, hace una media y la almacena. Estos datos se comunican de forma continua al puesto central de datos de la Red, situado en Bilbao» (p. 28). Tras la validación automática vía software, se publican en la página web (como fuente alternativa de datos también se puede consultar puntoaire.info, una web que resulta un poco más amigable que la de Gobierno Vasco, aunque los datos no están contrastados al 100%) siendo verificados posteriormente de forma manual.

¿Qué es lo que ocurre cuando alguien interesado en consultar la contaminación del aire en Bilbao accede a la página web donde se muestran los datos? Pues que existe un desfase horario. En la siguiente captura de pantalla, efectuada a las 16:18 del 06/06/2017 y en la que se toma como referencia la estación de calidad de Mazarredo, junto al museo Guggenheim Bilbao, se puede observar que la última medición disponible para consulta pública es de las 12.00 GMT, es decir, las 14.00 hora de verano en España. ¿Para qué sirve conocer la concentración de NO2 a las 14.00 cuando son las 16:00? Es de suponer que los servicios de vigilancia dispondrán de información más actualizada y modelos predictivos que se puedan emplear en casos de alerta o pronósticos desfavorables, pero, por el momento, no parecen estar a disposición pública.

Índices de contaminación del aire en Bilbao

¿Sensores individuales como alternativa?

Además de las aplicaciones móviles que puedes encontrar en esta web, los mapas de la web AQICN o aplicaciones web como Plume Labs, una de las alternativas que en los últimos años está experimentando un notable desarrollo son los sensores individuales de medición de la contaminación atmosférica (quedan excluidos de esta categoría otros dispositivos más avanzados y comercializados por multinacionales tales como Siemens o IBM).

Tanto el movimiento maker, donde Arduino es una de las estrellas (en webs como Instructables hay tutoriales para construir dispositivos de estas características) como varias start-ups (CleanSpace, que entre otras iniciativas está creando un mapa con datos actualizados de Londres gracias a la colaboración ciudadana; o Urban Clouds, con su sensor Appmosfera) han puesto sus ojos en el diseño de este tipo de dispositivos que, en países como China, donde sus ciudadanos están sometidos a unos niveles de contaminación brutales, causan furor.

Es cierto que la calidad de muchos de estos dispositivos es discutible, y de ahí que hayan sido denostados por numerosos expertos, ya que o no están calibrados correctamente o están fabricados tomando como base sensores para la medición de contaminantes bajo unas condiciones específicas y unos índices de contaminación elevadísimos, como se desprende del artículo firmado por Richard E. Peltier en la web The Conversation. De esta forma, su empleo al aire libre, por ejemplo, donde la concentración de los contaminantes está influenciada por factores tales como la humedad o el viento y donde la composición gaseosa de la propia atmósfera hace muy complicada la medición de las diferentes variables, puede provocar que las lecturas que ofrecen no sean totalmente realistas.

Así, y tal y como afirman Alastair Lewis y Peter Edwards en un artículo publicado en Nature en julio de 2016, la validez de este tipo de dispositivos individuales depende en gran medida de cómo son vendidos y usados, es decir, lo que prometen que hacen y lo que realmente hacen, solicitando en todo caso cautela si los datos van a ser empleados para la toma de decisiones que comporten la salud o el inicio de acciones legales.

No obstante, es necesario romper una lanza en favor de este tipo de sensores Do It Yourselfwearables, cada vez más sofisticados y avanzados, cuando son empleados en el marco de un proyecto de ciencia ciudadana supervisado por personas que entienden sobre contaminación atmosférica o calibración y que pueden certificar la validez de los datos. Este es el caso de la iniciativa Amsterdam Smart Citizens Lab, que ha derivado en la creación de un proyecto, Urban AirQ, en el que se ha demostrado la validez de un sencillo sensor, comparándolo con estaciones oficiales de medición, tal y como describe Qijun Jiang en un artículo publicado en Hindawi.

Como puedes comprobar, existen alternativas más o menos fiables que pueden paliar la carencia de información en relación con los índices de contaminación. Pero al final lo que realmente cuenta es que seas consciente del problema que supone la contaminación atmosférica y de las acciones que tú, como parte involucrada, puedes desarrollar para revertir la situación.

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Técnico de medio ambiente, community manager y content curator especializada en temas de medioambiente – Environmental technician, community manager and content curator specialised in environmental issues