¿Para qué sirve la tecnología en la lucha contra la contaminación ambiental? La respuesta se resume en una palabra: datos, información en base a la cual adoptar medidas y empoderar a las personas. Y para ilustrarlo, nada mejor que echar un vistazo a algunas de las iniciativas tecnológicas que se están llevando a cabo en Londres, una de las ciudades que mayor compromiso parece estar mostrando para atajar este problema.

Los nombres de Coco, Julius y Norbert posiblemente no te sonarán de nada, pero si te digo que son las palomas que la empresa Plume Labs usó durante tres días para medir la contaminación atmosférica de la capital londinense, puede que recuerdes haber leído algo al respecto, ya que la ingeniosa iniciativa fue reproducida por numerosas páginas web. El proyecto sirvió, una vez más, para poner de relieve una problemática que solo en esta ciudad causa la muerte de 10 000 personas al año (por comparar, Barcelona registra unas 3 500 muertes prematuras anuales a consecuencia de la contaminación y en el caso de Madrid, Ecologistas en Acción apuntaba en 2012 que podían ser en torno a 2 000. Es posible que la cifra para la ciudad condal sea más alta, máxime si se tiene en cuenta que tiene mayor densidad de vehículos que la propia Londres).

Como bien apuntaba Roman Lacombe, CEO de Plume Labs, la colocación de «sensores de aire en la parte posterior de las palomas va más allá de la concienciación sobre este problema y ayuda a los londinenses a comprender el impacto de la contaminación de una manera accesible, tangible e inmediata».

Aunque este proyecto con las palomas ya finalizó, Plume Labs sigue ahondando en esta filosofía de acercar la información sobre contaminación atmosférica a los ciudadanos a través de un pequeño sensor portátil que está desarrollando en colaboración con la empresa Frog Design y el laboratorio francés CNRS-LISA y para el cual han logrado financiación a través de una campaña de crowdfunding.

Pero no es solo el equipo de Plume Labs el que está participando de este afán por recabar información a través de la tecnología. También empresas como Drayson Technologies se han subido al carro y en colaboración con la empresa de mensajería Gophr e Inmarsat, están aportando datos a un mapa de contaminación en base a las lecturas de una serie de pequeños sensores que portan los mensajeros que se mueven por la ciudad en bicicleta.

Este medio de transporte también es el elegido por otra iniciativa impulsada por AirPublic que, en colaboración con el King’s College London, ha desarrollado unos sensores que tienen como soporte las bicicletas de los usuarios.

¿Y por qué Londres se ha convertido en una especie de banco de pruebas y experimenta este frenesí? La decidida apuesta por parte de la administración local londinense de convertir la ciudad en un centro de innovación para el desarrollo de tecnologías verdes favorece posiblemente el desarrollo de este tipo de iniciativas que, al fin y al cabo, posibilitan mejorar la calidad de vida del ciudadano (habrá que ver si el Brexit tiene incidencia sobre estos planes al reducirse la posibilidad de recibir ayudas europeas). Es cierto que contar también con un alcalde como Sadiq Kahn que se ha tomado la lucha contra la contaminación como una especie de cruzada (no en vano, él mismo ha sido diagnosticado de asma en edad adulta, una de las enfermedades respiratorias sobre las que mayor afección tiene la contaminación del aire) es un punto a favor. De ahí que esté desarrollando un ambicioso plan municipal que estudia, entre otras medidas, limitar, prohibir o gravar la circulación de algunos vehículos diesel por el centro de la ciudad (esta restricción cuenta con la aceptación de más del 50 % de los habitantes de la ciudad, todo sea dicho. La intención del ayuntamiento de Barcelona de gravar el aparcamiento de los coches más antiguos parece que por el momento despierta más suspicacias que apoyos, a juzgar por los comentarios que efectúan muchos lectores). Cabe destacar que en este plan para reducir la contaminación en Londres, la consulta y participación ciudadana es también clave.

¿Qué conclusión podría extraerse de la experiencia londinense? Pues que si tienes mecanismos para obtener información, una ciudadanía bien informada y cuyas consideraciones se tienen en cuenta y una administración comprometida con la solución del problema, resulta mucho más fácil generar una verdadera conciencia ciudadana que ponga coto al problema de contaminación atmosférica. Y la rueda empieza a girar con tecnología.

Imagen: Kai CC BY-NC-SA 2.0

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Técnico de medio ambiente, community manager y content curator especializada en temas de medioambiente - Environmental technician, community manager and content curator specialised in environmental issues